domingo, 22 de septiembre de 2019

Consumidor.

Un adicto a las drogas para que reconozca su condición pueden pasar años. Trayecto en el que su deterioro físico y mental harán muy difícil las condiciones para su recuperación, cuando no, imposible.
Se requiere sacarlo del nocivo entorno donde se destruye y lo cierto es que en la mayoría de los casos no quieren hacerlo.

Lo mismo sucede con el embrutecimiento adictivo que ocasiona los contenidos de los programas televisivos que esparcen inmundicias distorsionadoras de la realidad, son bombardeos diarios y sistemáticos de dosis altas de morbo superlativo llenos de personajes estereotipados que degradan la condición humana, con el fin de aniquilar mentes y voluntades.

Personas que consumen diariamente las altas dosis de la basura televisiva que les inyectan los medios de comunicación ¿podrán reconocerse estupidizadas y embrutecidas? ¿todavía se les podrá sacar de ese entorno enmierdado televisivo? o ¿ya no podrán o no querrán salir más de allí?

Qué paradójico y sublevante resulta comprobar que se utilice la libertad de expresión para que la sociedad acabe precisa y convenientemente autómata. Dejándola discapacitada para pensar y sin expresión alguna.

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