Adentro, su mujer lo miraba, resignada y con admiración, colocando dentro del morral lo que su esposo necesitaba para el viaje. No lo hacía de buena gana.
¿Pero si no iba él? ¿quién más lo haría?
Se preguntaba desprendida y estoicamente.
Unas horas más tarde, cuando el viento ya soplaba, ambos salían de la choza para jalar el bote hasta adentrarse bien al río.
Mujer sabes que sin ti...
Y yo sin ti.
Replicó ella, acortando la despedida para juntar sus labios con los de él, para mojarlos de entrega y respeto.
Le dio su libro y comenzó su travesía remando de a pocos hasta que la corriente lo lleve por sí sola, eran dos días de viaje en los que cuando el río se ponía bravo él le cantaba y cuando se calmaba le leía algún cuento del libro. Por la noche, en medio de cantos de ranas y del brillo de los ojos de algún puma que seguía su recorrido le parecía increíble verse entre un mundo olvidado.
Apenas unos meses atrás estaba dirigiendo huelgas y marchas por mejoras salariales, aún se preguntaba, ¿qué lo convenció de dejar todo? y más aún que Lidia también dejara toda su vida para internarse con él en aquéllos recónditos lugares donde no hay rastros de civilización. No en los términos en los que ellos crecieron y se formaron. Aunque estaba seguro de que en el fondo sólo había cambiado de geografía, si bien, ya no luchaba por pliegos de reclamos, ahora lo hacía por conseguir lápices para sus alumnos. Al amanecer del segundo día ya podía oír a lo lejos los gritos de los niños que al ver el bote anunciaban al caserío su llegada.
Apenas unos meses atrás estaba dirigiendo huelgas y marchas por mejoras salariales, aún se preguntaba, ¿qué lo convenció de dejar todo? y más aún que Lidia también dejara toda su vida para internarse con él en aquéllos recónditos lugares donde no hay rastros de civilización. No en los términos en los que ellos crecieron y se formaron. Aunque estaba seguro de que en el fondo sólo había cambiado de geografía, si bien, ya no luchaba por pliegos de reclamos, ahora lo hacía por conseguir lápices para sus alumnos. Al amanecer del segundo día ya podía oír a lo lejos los gritos de los niños que al ver el bote anunciaban al caserío su llegada.
¡Ahí viene el profesor de miércoles!
¡Ahí viene el profesor de miércoles!
Así lo llamaban porque llegaba todos los miércoles. No había ruta más rápida para llegar que el río, y salía de regreso esa misma noche porque el caserío estaba en medio de remanentes terroristas que no permitían una educación "aburguesada".
De regreso, siempre pensaba en la inconmensurable estupidez humana.
En la capital me consideran un radical y acá un peligroso profesor burgués...
Se decía con sonriente ironía, disponiéndose a cantarle al río que se ponía bravo. Lidia me espera amigo río, la la... Lidia me espera...
.
De regreso, siempre pensaba en la inconmensurable estupidez humana.
En la capital me consideran un radical y acá un peligroso profesor burgués...
Se decía con sonriente ironía, disponiéndose a cantarle al río que se ponía bravo. Lidia me espera amigo río, la la... Lidia me espera...
.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario