lunes, 20 de abril de 2015

Una caja de fósforos.

Era costumbre verlo caminar desde muy temprano los fines de semana, los soldados al cuidado de villa militar ubicada al frente de su casa, ya lo conocían, y el jovencito a ellos. Por aquéllos días se vivía bajo el gobierno de una junta militar y era poco frecuente ver caminar civiles por la villa, pero eso a él no le importaba.

Nunca aprendía nada que no sea por su propia experiencia. A más no y no, el daba la contraria, con la fresca y espontánea rebeldía de su pubertad, aunque entendía la preocupación de sus padres por andar solo, no admitía ni dejaba que esa preocupación lo contenga.

Desde muy precoz aprendió a escabullirseles. Gustaba recorrer toda la avenida, hasta el límite con la villa militar era ahí hasta dónde se podía llegar, pero para él, era allí dónde comenzaba su verdadera aventura. Silbando seguía su caminata traspasando la tranquera que la separaba de la avenida. Los soldados parecían haberle dado un salvo conducto, tal vez, por identificarse con la humilde procedencia del irreverente jovencito que se evidenciaba en lo maltrecho de sus ropas. Lo saludaban y él a ellos, gustaba pasear por las caballerizas acariciar con algo de temor la cola de los caballos, recoger los casquillos de las balas disparadas que quedaban regados en el campo de tiro, ver y tocar, esos inmensos e imponentes tanques que para ese entonces eran de última tecnología.

Fue así, que un día regresando de sus prohibidos paseos, cerca de la tranquera, encontró una caja de fósforos en medio de la vereda. La utilizó como una distracción en su camino de regreso pateándola todo el trayecto hasta llegar a la quinta en dónde vivía. Al oírlo un amiguito salió a su encuentro su hábida curiosidad lo llevó a recoger la caja de fósforos al notar que estaba medio abultada lo que saltó de su contenido lo dejó más que complacido y comprensiblemente atónito al que debió ser el justo posesionario. Era un billete de dinero doblado.
Ese día, aprendió quizá la más cruda y mejor de sus experiencias:

La vida a veces te brinda sin avisarte...                            

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